Descubrir un posible melanoma no es difícil, pero hay que prestarles atención, porque muchas veces se ubican estratégicamente en zonas del cuerpo donde no se suele mirar, como espalda, parte posterior del cuello o plantas del pie.
En otros casos, la persona sabe que tiene un lunar “feo”, “raro” o “sospechoso”, pero por desidia o falta de información, pronto deja de prestarle atención. Y si en vez de un lunar se trataba de un melanoma, éste irá expandiéndose, muchas veces sin siquiera generar síntomas como dolor, picazón o sangramiento.
Son aquellas enfermedades cuyo mecanismo de contagio es el contacto sexual. Esto sucede porque en las relaciones sexuales se ponen en contacto piel y mucosas de dos personas, en suficiente extensión y tiempo como para que sea posible la transmisión de la persona enferma a la sana, siempre y cuando no se evite con los medios específicos de prevención. 