A todas las mamás nos ha tocado presenciar en nuestro cÃrculo social o familiar a un niño agresivo.
Si bien no hay explicaciones claras del por qué un niño es más violento que otro, los adultos podemos contribuir de alguna manera a que nuestros hijos no manifiesten conductas de este tipo. Hay opiniones que dicen que influye el carácter genético en este rasgo, mientras que otras señalan que la agresividad está motivada principalmente por las influencias del medio. Dado que es imposible cambiar la genética de una persona, lo que los padres sà pueden hacer es poner atención a cómo el ambiente que rodea al niño puede estar favoreciendo estos comportamientos.
Los pequeños pueden ser agresivos porque imitan las conductas violentas que ven en los adultos o en sus pares. Al usar la violencia para resolver los problemas, se les enseña que los conflictos y discrepancias se resuelven asÃ. El tipo de disciplina paterna también influye. Se ha demostrado que tanto los padres poco exigentes como aquellos muy autoritarios fomentan el comportamiento agresivo en sus niños. Otro punto importante de tener en cuenta es que las relaciones deterioradas entre los padres también pueden provocar tensiones que induzcan al niño a comportarse de forma desmedida.
Lo más efectivo para enseñar a los hijos que hay que controlar las conductas agresivas, es a través del ejemplo. Que ellos vean que ante situaciones de conflicto, los padres mantienen la calma y la tranquilidad, eso al final de todo, les da seguridad y paz.